viernes, 26 de diciembre de 2025

El narcisismo del poder y el fracaso de la política


Música maestro


No se si os pasa lo mismo, sinceramente pienso que vivimos en una época en la que la política ha dejado de ser una herramienta al servicio de la sociedad, para convertirse en el escenario donde los EGOS compiten por atención, poder, y dinero, se ve claramente una crisis de sentido.

Los políticos actuales, en su gran mayoría, están más preocupados por su imagen y su supervivencia personal que por el bienestar de la población a la que representan, o dicen representar.

El narcisismo se ha convertido en la cualidad imprescindible para llegar arriba, al menos es lo que el sistema premia, rasgos como: ego desmedido, falta de empatía, la chabacanería, la capacidad de mentir sin culpa... se creen imprescindibles, iluminados, casi "dioses" modernos, que deciden desde sus despachos lejanos cómo debe vivir la sociedad. El político ya no representa, se representa a sí mismo.

Nos asfixian con impuestos, promesas vacías y una gestión mediocre, que rara vez
paga las consecuencias, no matan con armas, lo hacen con precariedad, estrés, falta de futuro y una presión constante que desgasta.

Lo más grave no es la corrupción económica, que también, sino el engaño sistemático, se roba tiempo, esperanza, confianza, se manipula el miedo y se divide a la sociedad para que nadie mire realmente hacia arriba. Los ciudadanos nos convertimos en  un número útil para la campaña y las votaciones y luego se nos olvida al día siguiente. Muchos políticos actúan con una frialdad psicopática: sonríen, mienten y siguen adelante aunque el daño sea evidente, y cuando la mentira se convierte en una herramienta y se promete sabiendo que no se cumplirá, el engaño se normaliza hasta tal punto que deja de escandalizar,  y es ahí, cuando la mentira ya no provoca reacción, cuando el poder se vuelve peligrosamente cómodo.

Lo más frustrante es que a estas altura ya da igual el color político, derecha o izquierda ya son máscaras, un patrón  que se repite, puede cambiar el discurso, puede cambiar la bandera, y el resultado es el mismo: solo protegen el sistema que les beneficia a ellos. La ideología ya no son principios, se ha convertido en marketing.

La sensación general es de deriva. La política ya no inspira, no une, no construye, se ha vuelto, reactiva, mediocre y desconectada de la realidad cotidiana. Mientras, la gente trabaja más, cobra menos, sobrevive escuchando discursos vacíos de y tu más, propios de niños de escuela.

Tal vez la pregunta esencial no sea quién gobierna, sino qué tipo de humanidad estamos dispuestos a tolerar en quienes nos gobiernan. Porque el verdadero fracaso no ocurre solo en las instituciones, sino cuando la indiferencia sustituye a la conciencia.

Vamos que si el sistema premia el ego, castiga la honestidad y convierte el poder en un fin en sí mismo. Hasta que eso no cambie, seguiremos atrapados en el mismo ciclo: promesas, decepción y resignación.

La pregunta incómoda sigue ahí, ¿quién está pensando realmente en el futuro de la sociedad?

Sigamos con las navidades, así anestesiados y nublados con el consumismo en vez de por el amor, la solidaridad y la creatividad... Es lo que tiene este triste momento histórico.

Besos y abrazos
B.
Por cierto, no olvidemos sonreír.. es de lo poco que nos queda.


viernes, 5 de diciembre de 2025

La hipocresía del ser humano: el espejo roto de nuestra propia naturaleza

 

música maestro

El ser humano se ha proclamado a sí mismo como “el rey de la creación”, pero su reinado está marcado por la contradicción. Admiramos la nobleza de los animales y al mismo tiempo los explotamos, los maltratamos y los reducimos a simples objetos de consumo o entretenimiento. 

Esa doble moral revela una verdad incómoda para mí: 

vivimos en una hipocresía constante, donde la sensibilidad se predica, pero rara vez se practica.

La crueldad hacia los animales no es un hecho aislado. Es un síntoma de algo mucho más profundo: una deshumanización progresiva. Cuando el hombre normaliza el dolor ajeno, cuando es capaz de mirar los ojos de un ser vivo y no ver más que “carne”, “propiedad” o “recurso”, también va perdiendo su propia esencia. Se convierte en un ser desnaturalizado, incapaz de reconocer la vida como un valor en sí mismo.

Y últimamente vivo triste, me invade la tristeza y la rabia de ver esa deshumanización, además de una desnaturalización que no se queda fuera: se proyecta hacia dentro. El mismo individuo que se habitúa a la violencia contra lo vulnerable, inevitablemente se vuelve violento consigo mismo. La psicopatía social que cultivamos a diario —ya sea consumiendo sin pensar, destruyendo el entorno o justificando actos de crueldad y violencia— refleja un vacío existencial. Hemos llegado a un punto en el que el ser humano es capaz de justificar lo injustificable, y con ello va desdibujando su humanidad.  En esto da vueltas mi mente durante estos meses, estos años...

La verdadera pregunta es: ¿Cómo pretendemos construir un mundo de paz si aceptamos la violencia como normalidad? La hipocresía no solo nos aleja de los animales, sino también de nosotros mismos. El resultado es un ser humano mutilado de su empatía, un depredador de todo lo que le rodea, y, en última instancia, un psicópata social que camina hacia su propia autodestrucción.

La cuestión es cómo empezar a reconciliarse con lo que nos pasa, con lo que vemos, con esa violencia diaria... en las personas, en las subidas de lo básico, en los políticos, que lejos de protegernos nos cambian por el poder y el dinero... ¿Cómo empezar?



:* & :) 

B.