martes, 10 de noviembre de 2020

un secreto...


Hoy os voy a contar un secreto, hace años que soy donante de sangre, la verdad es que es algo que llevo haciendo desde joven, aún recuerdo cuando me sacaron donando sangre en un artículo de una revista que hacía antes el IVAJ (Instituto valenciano de Juventud), madre si ha llovido.

Cuando dono me siento mejor, sé que gracias a mi pequeño acto, puedo ayudar a otras personas, normalmente tres personas, se beneficiaran de mi sangre.

 La sangre que donamos es destinada al tratamiento de muchas enfermedades y en distintos tipos de cáncer, así como intervenciones quirúrgicas, trasplantes de órganos, tratamientos de accidentes, hemorragias, quemaduras...

Como sabemos, la sangre no se puede fabricar, solo se obtiene gracias a donantes, es imprescindible para operaciones y urgencias y lo malo es que caduca, así que si se puede donar varias veces al año mejor. 

En el caso de las mujeres solo puedes donar 3 veces al año, y mejor no donar si tienes la regla, aunque no debe pasar nada, pero no puedes donar si estás embarazada, si pesas menos de 50 kg o si tienes anemia leve, aún así me parece una de las cosas más bonitas que podemos hacer por los demás.

Además de salvar vidas donar sangre trae consigo más beneficios, sobre todo para el donante y no solo es la satisfacción de sentirte bien contigo misma, entre otros beneficios están que rejuvenece el organismo, ya que al extraer sangre, se reduce el nivel del fluido y el cuerpo genera nuevas células, equilibra los niveles de hierro, la sangre fluye mejor, además te hacen una mini revisión médica y hoy en día te regalan, un boli, una mascarilla, una funda para la mascarilla y descuento para el cine y de regalo las palomitas (gracias a la cadena de cines ABC al menos en València).

 ¿te animas a donar?

Recuerda, algún día puedes ser tú quién lo necesite.

:* :D que tengáis un feliz martes, no olvidéis sonreír!!!





jueves, 5 de noviembre de 2020

La casa deshabitada

Música maestro 

(antes de leer activa la música ahí arriba!)

No sé si os pasa a vosotros, pero cuando voy caminando por la calle y veo una casa abandonada, en la que se deja entrever alguna habitación,  ventana, puerta, mi mente vuela e imagina... ¿Qué callaran esas paredes? ¿Cuántas historias guardan? ¿secretos, sonrisas, lloros, rupturas, reconciliaciones, castigos... ? Una casa sabe tanto de nosotros! Y me voy inventando historias de esa casa deshabitada.

Pasan los años y vamos cambiando de hogar, pasamos por el de nuestros padres y luego unos más que otros, van teniendo sus mudanzas, por trabajo, por familia,  por no llegar a pagar el alquiler, por poder pagar uno mejor, por querer buscar un nuevo futuro... y en cada una de esas casas que vamos deshabitando, vamos dejando nuestro rastro, un pedacito nuestro.

Hoy por la calle me he encontrado la demolición de esta finca, se veían sus puertas, ventanas... se dejaba intuir pasillos... y me preguntaba, ¿qué secretos se llevará esta? Historias de amor y desamor, nacimientos, muertes... En breve ya no quedará nada y el pasado de alguien quedará borrado para siempre, quizás pueda decir, ahí en esa esquina, estaba la casa en la que crecí, ahí donde está esa multinacional, o ese garaje, o esa finca moderna.. (vete tú a saber que harán ahí ahora), ahí no podía dormir cuando la marcha se llevaba por Juan Llorens, ahí me vino genial pasar mi adolescencia porque solo tenia que bajar y subir, ahí en ese patio, me di mi primer beso, ahí vomité mi primera borrachera, ahí grababa mis cintas de cassette, rellenaba mis álbumes de cromos, recibí mis primeras llamadas, vivía con mi abuela... 

¿Imaginamos una historia juntos?

¿Quién vivía allí? ¿Qué pasó?

Empiezo, era una finca que se construyó en los años 40 tras la guerra civil, el propietario vivía en al última planta, en el ático, era un apoderado gordinflón con bigote, de pelo moreno y mofletes sonrojados que estaba casado con una mujer delgada de cabellos castaños recogidos en un moño y que caminaba cabizbaja. Los otros pisos los tenía alquilados a tres familias.

En el primero vivía doña Paca, una anciana testaruda y pizpireta que nadie le ladraba, tenía muy mal genio, había perdido a toda su familia en la guerra y solo guardaba una cadena de su madre y una fotografía familiar, la vida le había endurecido demasiado.

En el segundo una familia católica marido, mujer y 5 hijos. Poseían una disciplina ejemplar, jamás, una palabra sobresalía a otra y apenas se les oía, iban juntos siempre a todas partes, y no fallaban a su cita de la misa de las 12 los domingos. Iban siempre vestidos iguales, como clones. 

En el Bajo... (¿sigues?)