Música maestro
No se si os pasa lo mismo, sinceramente pienso que vivimos en una época en la que la política ha dejado de ser una herramienta al servicio de la sociedad, para convertirse en el escenario donde los EGOS compiten por atención, poder, y dinero, se ve claramente una crisis de sentido.
Los políticos actuales, en su gran mayoría, están más preocupados por su imagen y su supervivencia personal que por el bienestar de la población a la que representan, o dicen representar.
El narcisismo se ha convertido en la cualidad imprescindible para llegar arriba, al menos es lo que el sistema premia, rasgos como: ego desmedido, falta de empatía, la chabacanería, la capacidad de mentir sin culpa... se creen imprescindibles, iluminados, casi "dioses" modernos, que deciden desde sus despachos lejanos cómo debe vivir la sociedad. El político ya no representa, se representa a sí mismo.
Nos asfixian con impuestos, promesas vacías y una gestión mediocre, que rara vez
paga las consecuencias, no matan con armas, lo hacen con precariedad, estrés, falta de futuro y una presión constante que desgasta.
Lo más grave no es la corrupción económica, que también, sino el engaño sistemático, se roba tiempo, esperanza, confianza, se manipula el miedo y se divide a la sociedad para que nadie mire realmente hacia arriba. Los ciudadanos nos convertimos en un número útil para la campaña y las votaciones y luego se nos olvida al día siguiente. Muchos políticos actúan con una frialdad psicopática: sonríen, mienten y siguen adelante aunque el daño sea evidente, y cuando la mentira se convierte en una herramienta y se promete sabiendo que no se cumplirá, el engaño se normaliza hasta tal punto que deja de escandalizar, y es ahí, cuando la mentira ya no provoca reacción, cuando el poder se vuelve peligrosamente cómodo.
Lo más frustrante es que a estas altura ya da igual el color político, derecha o izquierda ya son máscaras, un patrón que se repite, puede cambiar el discurso, puede cambiar la bandera, y el resultado es el mismo: solo protegen el sistema que les beneficia a ellos. La ideología ya no son principios, se ha convertido en marketing.
La sensación general es de deriva. La política ya no inspira, no une, no construye, se ha vuelto, reactiva, mediocre y desconectada de la realidad cotidiana. Mientras, la gente trabaja más, cobra menos, sobrevive escuchando discursos vacíos de y tu más, propios de niños de escuela.
Tal vez la pregunta esencial no sea quién gobierna, sino qué tipo de humanidad estamos dispuestos a tolerar en quienes nos gobiernan. Porque el verdadero fracaso no ocurre solo en las instituciones, sino cuando la indiferencia sustituye a la conciencia.
Vamos que si el sistema premia el ego, castiga la honestidad y convierte el poder en un fin en sí mismo. Hasta que eso no cambie, seguiremos atrapados en el mismo ciclo: promesas, decepción y resignación.
La pregunta incómoda sigue ahí, ¿quién está pensando realmente en el futuro de la sociedad?
Sigamos con las navidades, así anestesiados y nublados con el consumismo en vez de por el amor, la solidaridad y la creatividad... Es lo que tiene este triste momento histórico.
Besos y abrazos
B.
Por cierto, no olvidemos sonreír.. es de lo poco que nos queda.
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