jueves, 2 de julio de 2026

Ah ah ah ah ah ! Ooh Ooh Ooh Ooh!

 

Música maestro


Talada de pinos en la Manguilla
Durante años hemos oído que el calentamiento global es un fenómeno natural sobre el que apenas tenemos influencia. Sin embargo, la evidencia científica es clara: el cambio climático actual (ese que dicen algunos que no existe), está provocado principalmente por la actividad humana y por un modelo de desarrollo que ha priorizado el crecimiento económico por encima de los límites del planeta.

Nuestras ciudades son un claro ejemplo de ello. Sustituimos, campos, huertas, bosques y zonas verdes por kilómetros de ladrillo, cemento, hormigón y asfalto. Estos materiales absorben el calor durante el día y lo liberan lentamente por la noche, convirtiendo las ciudades en auténticos infiernos. Después, para soportar las altas temperaturas, recurrimos como locos al aire acondicionado, el cual consume grandes cantidades de energía y expulsa calor al exterior, alimentando un círculo vicioso del que parece difícil escapar (¿Habéis entrado últimamente a alguna tienda? ayer por la tarde fui a zara y tienen el aire tan alto, que están vendiendo jerséis de lana en rebajas!)

Además vivimos en una sociedad donde consumir se ha convertido casi en una obligación. Se nos anima constantemente a cambiar de teléfono, renovar el coche (cuantos Teslas has visto hoy), comprar ropa nueva o sustituir electrodomésticos que todavía funcionan. La economía necesita que produzcamos y consumamos cada vez más, aunque eso implique extraer más recursos, generar más residuos y emitir más gases de efecto invernadero. 

La naturaleza lleva millones de años funcionando mediante ciclos donde prácticamente nada se desperdicia. Nosotros, en apenas dos siglos de industrialización, hemos construido una economía lineal basada en extraer, fabricar, consumir y tirar. Los resultados están a la vista: temperaturas récord, fenómenos meteorológicos extremos cada vez más frecuentes, pérdida acelerada de biodiversidad, escasez de agua en muchas regiones y una creciente incertidumbre sobre el futuro.

Las nuevas tecnologías tampoco escapan a esta contradicción. Internet parece inmaterial, pero no lo es. La inteligencia artificial, el almacenamiento en la nube, las criptomonedas, el vídeo en alta definición y los millones de dispositivos conectados funcionan gracias a gigantescos centros de datos que consumen cantidades ingentes de electricidad y agua para refrigerarse. La extracción de litio, cobalto, cobre y tierras raras para fabricar baterías y dispositivos electrónicos también tiene importantes impactos sociales y ambientales. La tecnología puede ayudarnos a reducir emisiones, mejorar la eficiencia energética y acelerar la transición ecológica, pero solo si dejamos de asumir que cualquier innovación tecnológica es automáticamente sostenible.

El calentamiento global no es un accidente. Es la consecuencia previsible de décadas de malas decisiones políticas, económicas y sociales que han priorizado el beneficio inmediato sobre la sostenibilidad a largo plazo. Cambiar esta realidad exigirá mucho más que reciclar o comprar productos etiquetados como "verdes". Requerirá replantear nuestro modelo de producción, nuestro modelo urbano y, sobre todo, nuestra forma de entender el éxito y el bienestar.

Quizá el mayor problema sea cultural por confundir el bienestar con el consumo, el crecimiento con el progreso y la comodidad con la felicidad. Nos venden la idea de que cambiar de coche cada pocos años, renovar constantemente nuestros dispositivos electrónicos o construir sin descanso es sinónimo de desarrollo. Sin embargo, un planeta finito no puede sostener un modelo económico que necesita crecer indefinidamente para mantenerse estable.

Quizá haya llegado el momento preguntarnos ¿Cuánto tiempo puede soportarnos un planeta que empieza a recordarnos, con cada ola de calor, cada incendio y cada sequía, que los límites de la naturaleza existen, aunque durante demasiado tiempo hayamos actuado como si no fuera así?

B.

viernes, 5 de junio de 2026

¡Basta ya de jugar con la educación!


Música Maestro



Los profesores han dicho "basta" y se han plantado en una huelga indefinida.

Lo hacen por dignidad laboral, pero también por defender la escuela de todos. 

¿Y cuál es la respuesta de la clase política? 




Una mezcla repugnante de silencio y oportunismo. 

El gobierno de turno se tapa los oídos. Ignora las protestas y estira el tiempo esperando que el desgaste doblegue a los docentes, sin importarle nada nuestros hijos.

 Por otro lado, la oposición se frota las manos. Utilizan el dolor de las familias y la desesperación de los maestros como simple propaganda electoral. Es una auténtica vergüenza. Esos mismos partidos que hoy se autoproclaman salvadores de la escuela pública son los que, cuando tuvieron el poder en su momento, no movieron un solo dedo. Miraron hacia otro lado igual que lo hacen los de ahora.

Una de las realidades más fuertes para mi, es que el número de alumnos con Trastorno del Espectro Autista (TEA) y necesidades del desarrollo, ha crecido de forma exponencial en los últimos años, pero el sistema educativo público se ha quedado congelado en el pasado. Detrás de los discursos oficiales sobre la "inclusión", la realidad diaria de estas familias es una lucha constante contra la precariedad, la falta de empatía institucional y el abandono.

La escuela pública, debería ser el espacio de igualdad por excelencia, y está fallando sistemáticamente a los niños más vulnerables debido a graves deficiencias:

1. Falta de personal especializado: Los centros carecen de suficientes profesionales de Audición y Lenguaje (AL), Pedagogía Terapéutica (PT) y auxiliares educativos.

2. Las aulas masificadas: Es imposible atender la neurodiversidad cuando un solo tutor debe gestionar aulas con ratios altísimas. 

3. Infraestructuras deficientes: Aulas sin climatización muchos colegios públicos carecen de aire acondicionado, obligando a los niños a soportar temperaturas extremas en los meses de calor. Para un alumno con hipersensibilidad sensorial, el calor extremo no es una simple incomodidad; es un detonante de crisis de ansiedad, desregulación y colapso emocional.

Sin contar que estudiar a casi 40 grados demuestra una falta de dignidad humana y un desprecio absoluto por el bienestar de los menores.

4. Profesores ahogados en la burocracia Papeles por encima de alumnos: Los docentes pasan más tiempo rellenando informes, justificaciones y planes burocráticos que atendiendo directamente a los niños. 

5. No podemos seguir normalizando que la educación especial en la escuela pública sea una carrera de obstáculos. Los niños con autismo no son cifras en un expediente ni problemas que esconder; son ciudadanos con pleno derecho a una educación digna, adaptada y de calidad. Es hora de exigir menos burocracia, más presupuestos, infraestructuras adecuadas y, sobre todo, una inclusión real y afectiva.

El futuro no se vende. La educación no es un gasto, es una inversión en el futuro de nuestra sociedad. Un país que maltrata a sus profesores y condena a sus niños a estudiar en condiciones deplorables es un país sin futuro. Esta huelga no es un conflicto laboral más; es un grito de auxilio por la dignidad de la educación pública. Apoyar a los profesores hoy es proteger a nuestros hijos mañana. Ya no valen las promesas de campaña ni las palabras bonitas. Exigimos aulas dignas, comida de calidad, sueldos justos y, por encima de todo, respeto para quienes sostienen el futuro del país.

Y ya otro día hablaremos de la conciliación familiar...

Señores políticos me dan Vergüenza, pero TODOS los que no hacen nada y los que no lo hicieron cuando estaban, por mucho que vayan a las puertas de los colegios a grabar a los niños (que por cierto Sr, Grezzi, eso es ilegal).

Y todo esto... no se quien lo asesora, pero jamás había visto que a puertas de elecciones (les recuerdo que queda menos de un año)a ningún partido político que jugara tan mal sus cartas. 

Su soberbia  su descaro y su narcisismo psicópata, son un insulto para los valencianos. 

 ¡Basta ya de jugar con la la educación del futuro!

B.

miércoles, 6 de mayo de 2026

COMODIDAD...

 

Música maestro


No se a tí, pero a mi cada día me genera más rechazo la palabra COMODIDAD. Nos la venden como progreso, pero es un perfecto mecanismo de CONTROL.

Piénsalo: mientras más cómodo es todo, más dependientes somos de una infraestructura digital que no controlamos, es como el caballo de Troya de nuestra era, paga con bizum o el móvil, no cocines, no pienses, no camines, no conduzcas que es automático, no trabajes la IA lo hace por ti, ponte el chat gpt  que la máquina piense por ti, lo haga por ti, y tu "escrolea" todo el día, no pienses, para qué leer, escucha un podcast...  todo eléctrico, todo cómodo... la tecnología lo hace todo por ti, pero nadie habla del precio de esa comodidad. Cada vez que cedemos autonomía a cambio de comodidad, entregamos nuestra libertad. Si lo tenemos todo a un clic, también estamos a un clic de que nos lo quiten, no solo el trabajo, también el sueldo, la comida... todo.

Nos hemos vuelto unos adictos a lo fácil, a lo inmediato, nos han convencido de que la tecnología está para servirnos, pero estamos creando un sistema en  el que no sabemos sobrevivir sin ella, y una sociedad que no sabe valerse por si misma, es una sociedad fácil de racionar. Si delegamos nuestro sueldo, nuestra alimentación y logística a sistemas centralizados por pura pereza, estamos entregando las llaves de nuestra casa al carcelero. 

La tecnología no solo está optimizando nuestra vida, está creando un embudo y al final de este está el racionamiento. Si todo es digital y automático, todo es rasteable y por lo tanto: limitable. Me veo un día en el que racionen nuestro sueldo y no podamos usar el móvil o tarjeta para comprar comida porque ya hemos llegado al tope del mes que ellos consideran, o de dinero que debes gastar... un día en que haya un apagón y no podamos hacer nada, o lo peor, que no sepamos... que no podamos comprar una barra de pan porque ya no se paga con monedas... que vayamos conduciendo y el coche haga lo que quiera porque no controlamos nada ya, es automático y se puede chocar de pronto si les interesa... puede que me pasé con estos pensamientos pero la mayoría de las veces, la realidad supera la ficción, y vamos encaminados hacia un matrix.

Muchos piensan que exagero en el tema tecnológico, que no puedo ser tan analógica, me dicen la palabra mágica: chica si es muy CÓMODO... tienes que modernizarte, pero es mi pequeña libertad, formar parte de la resistencia, la que aun no tiene bizum, ni agendas digitales, la que no sube su información en la nube, la que no tiene espacio en el móvil para tanta app controladora... para mi la libertad es incómoda, requiere esfuerzo y responsabilidad y prefiero mil veces la incomodidad de ser libre, que la comodidad de una jaula automatizada. 

A veces elegir el camino difícil, es el único acto de rebeldía que me queda para seguir siendo libre.

Y es que el control me gusta bien poco o mejor dicho: NADA. Eso si, cada vez está siendo más interesante salirse del camino que nos establecen... 

Y a tí, ¿ya te han conquistado con la comodidad o eres de la resistencia?

Un besito

Hasta mañana.

B.

viernes, 26 de diciembre de 2025

El narcisismo del poder y el fracaso de la política


Música maestro


No se si os pasa lo mismo, sinceramente pienso que vivimos en una época en la que la política ha dejado de ser una herramienta al servicio de la sociedad, para convertirse en el escenario donde los EGOS compiten por atención, poder, y dinero, se ve claramente una crisis de sentido.

Los políticos actuales, en su gran mayoría, están más preocupados por su imagen y su supervivencia personal que por el bienestar de la población a la que representan, o dicen representar.

El narcisismo se ha convertido en la cualidad imprescindible para llegar arriba, al menos es lo que el sistema premia, rasgos como: ego desmedido, falta de empatía, la chabacanería, la capacidad de mentir sin culpa... se creen imprescindibles, iluminados, casi "dioses" modernos, que deciden desde sus despachos lejanos cómo debe vivir la sociedad. El político ya no representa, se representa a sí mismo.

Nos asfixian con impuestos, promesas vacías y una gestión mediocre, que rara vez
paga las consecuencias, no matan con armas, lo hacen con precariedad, estrés, falta de futuro y una presión constante que desgasta.

Lo más grave no es la corrupción económica, que también, sino el engaño sistemático, se roba tiempo, esperanza, confianza, se manipula el miedo y se divide a la sociedad para que nadie mire realmente hacia arriba. Los ciudadanos nos convertimos en  un número útil para la campaña y las votaciones y luego se nos olvida al día siguiente. Muchos políticos actúan con una frialdad psicopática: sonríen, mienten y siguen adelante aunque el daño sea evidente, y cuando la mentira se convierte en una herramienta y se promete sabiendo que no se cumplirá, el engaño se normaliza hasta tal punto que deja de escandalizar,  y es ahí, cuando la mentira ya no provoca reacción, cuando el poder se vuelve peligrosamente cómodo.

Lo más frustrante es que a estas altura ya da igual el color político, derecha o izquierda ya son máscaras, un patrón  que se repite, puede cambiar el discurso, puede cambiar la bandera, y el resultado es el mismo: solo protegen el sistema que les beneficia a ellos. La ideología ya no son principios, se ha convertido en marketing.

La sensación general es de deriva. La política ya no inspira, no une, no construye, se ha vuelto, reactiva, mediocre y desconectada de la realidad cotidiana. Mientras, la gente trabaja más, cobra menos, sobrevive escuchando discursos vacíos de y tu más, propios de niños de escuela.

Tal vez la pregunta esencial no sea quién gobierna, sino qué tipo de humanidad estamos dispuestos a tolerar en quienes nos gobiernan. Porque el verdadero fracaso no ocurre solo en las instituciones, sino cuando la indiferencia sustituye a la conciencia.

Vamos que si el sistema premia el ego, castiga la honestidad y convierte el poder en un fin en sí mismo. Hasta que eso no cambie, seguiremos atrapados en el mismo ciclo: promesas, decepción y resignación.

La pregunta incómoda sigue ahí, ¿quién está pensando realmente en el futuro de la sociedad?

Sigamos con las navidades, así anestesiados y nublados con el consumismo en vez de por el amor, la solidaridad y la creatividad... Es lo que tiene este triste momento histórico.

Besos y abrazos
B.
Por cierto, no olvidemos sonreír.. es de lo poco que nos queda.


viernes, 5 de diciembre de 2025

La hipocresía del ser humano: el espejo roto de nuestra propia naturaleza

 

música maestro

El ser humano se ha proclamado a sí mismo como “el rey de la creación”, pero su reinado está marcado por la contradicción. Admiramos la nobleza de los animales y al mismo tiempo los explotamos, los maltratamos y los reducimos a simples objetos de consumo o entretenimiento. 

Esa doble moral revela una verdad incómoda para mí: 

vivimos en una hipocresía constante, donde la sensibilidad se predica, pero rara vez se practica.

La crueldad hacia los animales no es un hecho aislado. Es un síntoma de algo mucho más profundo: una deshumanización progresiva. Cuando el hombre normaliza el dolor ajeno, cuando es capaz de mirar los ojos de un ser vivo y no ver más que “carne”, “propiedad” o “recurso”, también va perdiendo su propia esencia. Se convierte en un ser desnaturalizado, incapaz de reconocer la vida como un valor en sí mismo.

Y últimamente vivo triste, me invade la tristeza y la rabia de ver esa deshumanización, además de una desnaturalización que no se queda fuera: se proyecta hacia dentro. El mismo individuo que se habitúa a la violencia contra lo vulnerable, inevitablemente se vuelve violento consigo mismo. La psicopatía social que cultivamos a diario —ya sea consumiendo sin pensar, destruyendo el entorno o justificando actos de crueldad y violencia— refleja un vacío existencial. Hemos llegado a un punto en el que el ser humano es capaz de justificar lo injustificable, y con ello va desdibujando su humanidad.  En esto da vueltas mi mente durante estos meses, estos años...

La verdadera pregunta es: ¿Cómo pretendemos construir un mundo de paz si aceptamos la violencia como normalidad? La hipocresía no solo nos aleja de los animales, sino también de nosotros mismos. El resultado es un ser humano mutilado de su empatía, un depredador de todo lo que le rodea, y, en última instancia, un psicópata social que camina hacia su propia autodestrucción.

La cuestión es cómo empezar a reconciliarse con lo que nos pasa, con lo que vemos, con esa violencia diaria... en las personas, en las subidas de lo básico, en los políticos, que lejos de protegernos nos cambian por el poder y el dinero... ¿Cómo empezar?



:* & :) 

B.



viernes, 24 de octubre de 2025

Las mujeres en puestos de hombres

 



Música Maestro


Pues aquí estoy pensando, tras escuchar a varias amigas e incluso vivirlo en mi piel en varias ocasiones, que durante décadas, el discurso sobre la igualdad en el trabajo ha brindado la llegada de más mujeres a puestos de liderazgo. Sin embargo, en algunos casos, esa conquista viene acompañada de una paradoja incómoda: mujeres que, al alcanzar posiciones de poder, terminan reproduciendo las mismas dinámicas patriarcales que nos llevan oprimiendo desde hace años.

No es un fenómeno aislado, la estructura laboral moderna, está construida sobre valores de competencia, jerarquía y control, y ha moldeado lo que entendemos por “liderazgo”. Muchas veces, para ser tomadas en serio, las mujeres nos vemos empujadas a adoptar el mismo modelo autoritario y emocionalmente distante que históricamente caracterizó al liderazgo masculino. Es un traje que no encaja, pero que parece ser el único aceptado, por el momento, para muchas mujeres.

En estos contextos, las inseguridades personales —alimentadas por años de desigualdad y exigencias contradictorias— pueden convertirse en mecanismos de defensa. Algunas líderes, en lugar de cuestionar el sistema, lo replican: microgestionan, desconfían, humillan o compiten con otras mujeres. Quiero pensar que no lo hacen necesariamente por maldad, sino porque aprehendieron, que ese es el precio de “sobrevivir” en un entorno que no perdona la vulnerabilidad.

El resultado es penoso y triste: equipos desmotivados, climas laborales enrarecidos y pérdida del propósito colectivo. Lo que podría ser una oportunidad para transformar la cultura organizacional desde la empatía y la colaboración, se convierte en una repetición del mismo guion patriarcal, como podemos ver en empresas, departamentos e incluso en política.

El desafío creo que no está solo en señalar estos comportamientos, sino en comprender su raíz. No se trata de “mujeres malas”, sino de un sistema que premia la dureza y castiga la autenticidad. Cambiar eso implica repensar qué tipo de liderazgo queremos promover: ¿uno basado en la competencia y el miedo? ¿ o uno que valore la inteligencia emocional, la cooperación y el respeto?

Sinceramente pienso que las mujeres no llegamos a estos puestos para imitar lo que siempre nos dañó. Llegamos para transformarlo. Para demostrar que se puede ejercer autoridad sin violencia, decidir sin aplastar, guiar sin borrar al otro.

Ojalá algún día el buen liderazgo nazca del respeto, la empatía y la coherencia

jueves, 18 de septiembre de 2025

Las casas que fui






mi habitación a los 6 años
 El otro día me sorprendí pensando en todas las casas en las que he vivido, y me entró una tristeza difícil de explicar.

Cada una de ellas fue, en su momento, un refugio, un lugar donde podía sentirme segura, donde el tiempo se detenía de alguna manera. Pero ya no existen como eran. Han cambiado de dueños, las han reformado, las han pintado de otros colores, han levantado paredes nuevas o derribado las que yo conocí.

No hablo solo de ladrillos, paredes y ventanas, sino de los espacios que fueron abrigo, memoria y raíz. 

Cada casa que habité se convirtió en un mapa íntimo de mi vida: las puertas que crujían al abrirse, la luz que entraba por la ventana a cierta hora del día, el olor particular que nadie más reconocería.



Lo que más me cuesta aceptar es que ya no tengo un pasado al que volver físicamente. No puedo regresar a la habitación donde pasé tardes enteras jugando, llorando y riendo, ni al salón donde la luz entraba de una forma especial a media tarde. Ni a la terraza donde celebrábamos los eventos familiares, comuniones, bautizos... Ni a mi cuarto de rubielos con las paredes de papel floreado... ni a esa terraza de benicassim con su olor a café con leche y galletas, mezclado a salitre y pino... Todo eso ya no está, y aunque la memoria conserve algunos detalles, siento que algo se me escapa entre las manos.
 Esas versiones de mi vida quedaron atrapadas en paredes que ya no existen, o que se transformaron hasta volverse irreconocibles. 

los veranos aquí fueron entrañables


Llevo fatal los cambios, lo admito. Me pesan. Me hacen sentir que me arrancan pedazos de vida que no voy a recuperar. Me gustaría poder abrir la puerta de alguna de esas casas y encontrarlas tal y como las recuerdo, intactas, esperándome. Pero sé que eso ya no es posible. La vida me empuja hacia adelante, pero yo me descubro siempre mirando hacia atrás, buscando en vano una puerta que ya no se abre, un hogar que ya no me espera. 



amaba esta casa


         Valencia, Rubielos, Benicàssim… 


Tal vez todo esto sea una manera de decirme a mí misma que debo aprender a vivir con la ausencia, a aceptar que las casas ahora existen solo dentro de mí. Pero duele. Duele no tener un lugar físico donde reencontrarme con quien fui. Quizás, con el tiempo, aprenda a mirar esas casas desde otro lugar: no como pérdidas, sino como capítulos que me acompañan. Porque, al fin y al cabo, aunque las paredes cambien, algo de mí se quedó allí, y algo de ellas sigue viviendo conmigo.
sonidos secretos