España es el verde de Galicia y Asturias, la fuerza del
Cantábrico, la majestuosidad de los Pirineos, la inmensidad de Castilla, la
alegría de Andalucía, la belleza del Mediterráneo, la riqueza de Valencia,
Murcia y Cataluña, la esencia de Extremadura, Aragón, La Rioja, Navarra,
Cantabria, Baleares, Canarias, Ceuta y Melilla. Es un país donde cada región
tiene su personalidad, su cultura, sus tradiciones y su forma de entender la
vida, pero todas forman parte de un mismo todo.
Somos un pueblo con siglos de historia. Un pueblo que llevó
su lengua, su cultura y su conocimiento a buena parte del mundo. Un país que
protagonizó algunas de las páginas más importantes de la historia de la
humanidad. Desde los Reyes Católicos hasta nuestros días. España fue una potencia mundial cuya
influencia sigue presente en millones de personas que hoy hablan nuestro idioma
y comparten parte de nuestro legado.
Llegar hasta aquí no ha sido un camino de rosas, porque
ningún país tiene una historia perfecta. Pero tampoco debemos avergonzarnos de
ser quienes somos ni renunciar a conocer nuestro pasado y seguir creciendo. Un
pueblo que olvida su historia está condenado a perder también su identidad. Lo
que más me duele hoy en día es ver cómo, con el paso de los años, nuestros
gobernantes han dejado de pensar en España como un proyecto común, y me da igual
el color la verdad, ver cómo parte de nuestro patrimonio acaba en manos de
grandes fondos de inversión internacionales, nuestras casas, nuestros lugares
de veraneo, nuestras vidas…es una sensación de pérdida de identidad y de tristeza Nos venden por cuatro duros a los extranjeros.
Y lo digo claramente:
España pertenece a los españoles. España no pertenece a los políticos.
Ningún partido, ningún gobierno y ningún dirigente puede
apropiarse de nuestra bandera, de nuestra historia, de nuestra cultura o de
nuestra identidad. Los políticos son servidores públicos, cosa que parece que se les
olvida muy pronto, elegidos temporalmente para administrar un país que es de
todos, y no son propietarios de un país que lleva siglos existiendo antes que
ellos y que seguirá existiendo cuando ya no estén.
Ha llegado el momento de recuperar el respeto por nuestro
país y por quienes lo formamos. Burlarse de España como se está haciendo es burlarse de millones de ciudadanos
honrados que trabajamos, pagamos impuestos, educamos a nuestros hijos y levantamos
este país cada día. Y ese desprecio que observamos en las noticias, en el
congreso y en todas partes, resulta aún más grave cuando procede de quienes han
prometido representarnos.
Da igual si son de izquierdas, de derechas o de cualquier otra ideología. Quien ocupe un cargo público debería responder por sus actos cuando incumpla sus obligaciones, tome el pelo a la administración jugando a su favor con las leyes en la mano haciendo favoritismos a los suyos, falte al respeto a las instituciones democráticas o utilice su posición para dividir a los ciudadanos en lugar de servirlos.
Quiero una España unida en su diversidad. Una España que valore su historia sin complejos, con sus luces y sus sombras. Que cuide su patrimonio. Que respete a sus ciudadanos. Que enseñe a sus hijos a sentirse orgullosos de su país sin necesidad de despreciar a ningún otro y que cumpla con su constitución. Que parece se les olvida…
Nuestra bandera representa a millones de personas diferentes
que comparten un mismo hogar. Nos recuerda que somos un pueblo fuerte, trabajador, pícaro y
capaz de superar cualquier dificultad cuando caminamos juntos, y no debería representar a los
partidos políticos o estos apropiarse de ella.
Yo seguiré sintiéndome orgullosa de ser española.
Porque los gobiernos pasan.
Los políticos cambian.
Pero España permanece gracias al trabajo de millones de Españoles.
B.



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