lunes, 3 de agosto de 2026

ESPAÑA Y SU BANDERA

 



Soy española y lo digo con orgullo, siento que tengo la inmensa suerte de haber nacido en un pais que no tiene nada que envidiar a ningún otro lugar del mundo.

España es el verde de Galicia y Asturias, la fuerza del Cantábrico, la majestuosidad de los Pirineos, la inmensidad de Castilla, la alegría de Andalucía, la belleza del Mediterráneo, la riqueza de Valencia, Murcia y Cataluña, la esencia de Extremadura, Aragón, La Rioja, Navarra, Cantabria, Baleares, Canarias, Ceuta y Melilla. Es un país donde cada región tiene su personalidad, su cultura, sus tradiciones y su forma de entender la vida, pero todas forman parte de un mismo todo.

Somos un pueblo con siglos de historia. Un pueblo que llevó su lengua, su cultura y su conocimiento a buena parte del mundo. Un país que protagonizó algunas de las páginas más importantes de la historia de la humanidad. Desde los Reyes Católicos hasta nuestros días.  España fue una potencia mundial cuya influencia sigue presente en millones de personas que hoy hablan nuestro idioma y comparten parte de nuestro legado.

Llegar hasta aquí no ha sido un camino de rosas, porque ningún país tiene una historia perfecta. Pero tampoco debemos avergonzarnos de ser quienes somos ni renunciar a conocer nuestro pasado y seguir creciendo. Un pueblo que olvida su historia está condenado a perder también su identidad. Lo que más me duele hoy en día es ver cómo, con el paso de los años, nuestros gobernantes han dejado de pensar en España como un proyecto común, y me da igual el color la verdad, ver cómo parte de nuestro patrimonio acaba en manos de grandes fondos de inversión internacionales, nuestras casas, nuestros lugares de veraneo, nuestras vidas…es una sensación de pérdida de identidad y de tristeza Nos venden por cuatro duros a los extranjeros.

Y lo digo claramente:

España pertenece a los españoles. España no pertenece a los políticos.

Ningún partido, ningún gobierno y ningún dirigente puede apropiarse de nuestra bandera, de nuestra historia, de nuestra cultura o de nuestra identidad. Los políticos son servidores públicos, cosa que parece que se les olvida muy pronto, elegidos temporalmente para administrar un país que es de todos, y no son propietarios de un país que lleva siglos existiendo antes que ellos y que seguirá existiendo cuando ya no estén.

Ha llegado el momento de recuperar el respeto por nuestro país y por quienes lo formamos. Burlarse de España como se está haciendo es burlarse de millones de ciudadanos honrados que trabajamos, pagamos impuestos, educamos a nuestros hijos y levantamos este país cada día. Y ese desprecio que observamos en las noticias, en el congreso y en todas partes, resulta aún más grave cuando procede de quienes han prometido representarnos.

Da igual si son de izquierdas, de derechas o de cualquier otra ideología. Quien ocupe un cargo público debería responder por sus actos cuando incumpla sus obligaciones, tome el pelo a la administración jugando a su favor con las leyes en la mano haciendo favoritismos a los suyos, falte al respeto a las instituciones democráticas o utilice su posición para dividir a los ciudadanos en lugar de servirlos. 

Quiero una España unida en su diversidad. Una España que valore su historia sin complejos, con sus luces y sus sombras. Que cuide su patrimonio. Que respete a sus ciudadanos. Que enseñe a sus hijos a sentirse orgullosos de su país sin necesidad de despreciar a ningún otro y que cumpla con su constitución. Que parece se les olvida…

Nuestra bandera representa a millones de personas diferentes que comparten un mismo hogar. Nos recuerda que somos un pueblo fuerte, trabajador, pícaro y capaz de superar cualquier dificultad cuando caminamos juntos, y no debería representar a los partidos políticos o estos apropiarse de ella.

Yo seguiré sintiéndome orgullosa de ser española.

Porque los gobiernos pasan.

Los políticos cambian.

Pero España permanece gracias al trabajo de millones de Españoles.

B.


jueves, 2 de julio de 2026

Ah ah ah ah ah ! Ooh Ooh Ooh Ooh!

 

Música maestro


Talada de pinos en la Manguilla
Durante años hemos oído que el calentamiento global es un fenómeno natural sobre el que apenas tenemos influencia. Sin embargo, la evidencia científica es clara: el cambio climático actual (ese que dicen algunos que no existe), está provocado principalmente por la actividad humana y por un modelo de desarrollo que ha priorizado el crecimiento económico por encima de los límites del planeta.

Nuestras ciudades son un claro ejemplo de ello. Sustituimos, campos, huertas, bosques y zonas verdes por kilómetros de ladrillo, cemento, hormigón y asfalto. Estos materiales absorben el calor durante el día y lo liberan lentamente por la noche, convirtiendo las ciudades en auténticos infiernos. Después, para soportar las altas temperaturas, recurrimos como locos al aire acondicionado, el cual consume grandes cantidades de energía y expulsa calor al exterior, alimentando un círculo vicioso del que parece difícil escapar (¿Habéis entrado últimamente a alguna tienda? ayer por la tarde fui a zara y tienen el aire tan alto, que están vendiendo jerséis de lana en rebajas!)

Además vivimos en una sociedad donde consumir se ha convertido casi en una obligación. Se nos anima constantemente a cambiar de teléfono, renovar el coche (cuantos Teslas has visto hoy), comprar ropa nueva o sustituir electrodomésticos que todavía funcionan. La economía necesita que produzcamos y consumamos cada vez más, aunque eso implique extraer más recursos, generar más residuos y emitir más gases de efecto invernadero. 

La naturaleza lleva millones de años funcionando mediante ciclos donde prácticamente nada se desperdicia. Nosotros, en apenas dos siglos de industrialización, hemos construido una economía lineal basada en extraer, fabricar, consumir y tirar. Los resultados están a la vista: temperaturas récord, fenómenos meteorológicos extremos cada vez más frecuentes, pérdida acelerada de biodiversidad, escasez de agua en muchas regiones y una creciente incertidumbre sobre el futuro.

Las nuevas tecnologías tampoco escapan a esta contradicción. Internet parece inmaterial, pero no lo es. La inteligencia artificial, el almacenamiento en la nube, las criptomonedas, el vídeo en alta definición y los millones de dispositivos conectados funcionan gracias a gigantescos centros de datos que consumen cantidades ingentes de electricidad y agua para refrigerarse. La extracción de litio, cobalto, cobre y tierras raras para fabricar baterías y dispositivos electrónicos también tiene importantes impactos sociales y ambientales. La tecnología puede ayudarnos a reducir emisiones, mejorar la eficiencia energética y acelerar la transición ecológica, pero solo si dejamos de asumir que cualquier innovación tecnológica es automáticamente sostenible.

El calentamiento global no es un accidente. Es la consecuencia previsible de décadas de malas decisiones políticas, económicas y sociales que han priorizado el beneficio inmediato sobre la sostenibilidad a largo plazo. Cambiar esta realidad exigirá mucho más que reciclar o comprar productos etiquetados como "verdes". Requerirá replantear nuestro modelo de producción, nuestro modelo urbano y, sobre todo, nuestra forma de entender el éxito y el bienestar.

Quizá el mayor problema sea cultural por confundir el bienestar con el consumo, el crecimiento con el progreso y la comodidad con la felicidad. Nos venden la idea de que cambiar de coche cada pocos años, renovar constantemente nuestros dispositivos electrónicos o construir sin descanso es sinónimo de desarrollo. Sin embargo, un planeta finito no puede sostener un modelo económico que necesita crecer indefinidamente para mantenerse estable.

Quizá haya llegado el momento preguntarnos ¿Cuánto tiempo puede soportarnos un planeta que empieza a recordarnos, con cada ola de calor, cada incendio y cada sequía, que los límites de la naturaleza existen, aunque durante demasiado tiempo hayamos actuado como si no fuera así?

B.

viernes, 5 de junio de 2026

¡Basta ya de jugar con la educación!


Música Maestro



Los profesores han dicho "basta" y se han plantado en una huelga indefinida.

Lo hacen por dignidad laboral, pero también por defender la escuela de todos. 

¿Y cuál es la respuesta de la clase política? 




Una mezcla repugnante de silencio y oportunismo. 

El gobierno de turno se tapa los oídos. Ignora las protestas y estira el tiempo esperando que el desgaste doblegue a los docentes, sin importarle nada nuestros hijos.

 Por otro lado, la oposición se frota las manos. Utilizan el dolor de las familias y la desesperación de los maestros como simple propaganda electoral. Es una auténtica vergüenza. Esos mismos partidos que hoy se autoproclaman salvadores de la escuela pública son los que, cuando tuvieron el poder en su momento, no movieron un solo dedo. Miraron hacia otro lado igual que lo hacen los de ahora.

Una de las realidades más fuertes para mi, es que el número de alumnos con Trastorno del Espectro Autista (TEA) y necesidades del desarrollo, ha crecido de forma exponencial en los últimos años, pero el sistema educativo público se ha quedado congelado en el pasado. Detrás de los discursos oficiales sobre la "inclusión", la realidad diaria de estas familias es una lucha constante contra la precariedad, la falta de empatía institucional y el abandono.

La escuela pública, debería ser el espacio de igualdad por excelencia, y está fallando sistemáticamente a los niños más vulnerables debido a graves deficiencias:

1. Falta de personal especializado: Los centros carecen de suficientes profesionales de Audición y Lenguaje (AL), Pedagogía Terapéutica (PT) y auxiliares educativos.

2. Las aulas masificadas: Es imposible atender la neurodiversidad cuando un solo tutor debe gestionar aulas con ratios altísimas. 

3. Infraestructuras deficientes: Aulas sin climatización muchos colegios públicos carecen de aire acondicionado, obligando a los niños a soportar temperaturas extremas en los meses de calor. Para un alumno con hipersensibilidad sensorial, el calor extremo no es una simple incomodidad; es un detonante de crisis de ansiedad, desregulación y colapso emocional.

Sin contar que estudiar a casi 40 grados demuestra una falta de dignidad humana y un desprecio absoluto por el bienestar de los menores.

4. Profesores ahogados en la burocracia Papeles por encima de alumnos: Los docentes pasan más tiempo rellenando informes, justificaciones y planes burocráticos que atendiendo directamente a los niños. 

5. No podemos seguir normalizando que la educación especial en la escuela pública sea una carrera de obstáculos. Los niños con autismo no son cifras en un expediente ni problemas que esconder; son ciudadanos con pleno derecho a una educación digna, adaptada y de calidad. Es hora de exigir menos burocracia, más presupuestos, infraestructuras adecuadas y, sobre todo, una inclusión real y afectiva.

El futuro no se vende. La educación no es un gasto, es una inversión en el futuro de nuestra sociedad. Un país que maltrata a sus profesores y condena a sus niños a estudiar en condiciones deplorables es un país sin futuro. Esta huelga no es un conflicto laboral más; es un grito de auxilio por la dignidad de la educación pública. Apoyar a los profesores hoy es proteger a nuestros hijos mañana. Ya no valen las promesas de campaña ni las palabras bonitas. Exigimos aulas dignas, comida de calidad, sueldos justos y, por encima de todo, respeto para quienes sostienen el futuro del país.

Y ya otro día hablaremos de la conciliación familiar...

Señores políticos me dan Vergüenza, pero TODOS los que no hacen nada y los que no lo hicieron cuando estaban, por mucho que vayan a las puertas de los colegios a grabar a los niños (que por cierto Sr, Grezzi, eso es ilegal).

Y todo esto... no se quien lo asesora, pero jamás había visto que a puertas de elecciones (les recuerdo que queda menos de un año)a ningún partido político que jugara tan mal sus cartas. 

Su soberbia  su descaro y su narcisismo psicópata, son un insulto para los valencianos. 

 ¡Basta ya de jugar con la la educación del futuro!

B.

miércoles, 6 de mayo de 2026

COMODIDAD...

 

Música maestro


No se a tí, pero a mi cada día me genera más rechazo la palabra COMODIDAD. Nos la venden como progreso, pero es un perfecto mecanismo de CONTROL.

Piénsalo: mientras más cómodo es todo, más dependientes somos de una infraestructura digital que no controlamos, es como el caballo de Troya de nuestra era, paga con bizum o el móvil, no cocines, no pienses, no camines, no conduzcas que es automático, no trabajes la IA lo hace por ti, ponte el chat gpt  que la máquina piense por ti, lo haga por ti, y tu "escrolea" todo el día, no pienses, para qué leer, escucha un podcast...  todo eléctrico, todo cómodo... la tecnología lo hace todo por ti, pero nadie habla del precio de esa comodidad. Cada vez que cedemos autonomía a cambio de comodidad, entregamos nuestra libertad. Si lo tenemos todo a un clic, también estamos a un clic de que nos lo quiten, no solo el trabajo, también el sueldo, la comida... todo.

Nos hemos vuelto unos adictos a lo fácil, a lo inmediato, nos han convencido de que la tecnología está para servirnos, pero estamos creando un sistema en  el que no sabemos sobrevivir sin ella, y una sociedad que no sabe valerse por si misma, es una sociedad fácil de racionar. Si delegamos nuestro sueldo, nuestra alimentación y logística a sistemas centralizados por pura pereza, estamos entregando las llaves de nuestra casa al carcelero. 

La tecnología no solo está optimizando nuestra vida, está creando un embudo y al final de este está el racionamiento. Si todo es digital y automático, todo es rasteable y por lo tanto: limitable. Me veo un día en el que racionen nuestro sueldo y no podamos usar el móvil o tarjeta para comprar comida porque ya hemos llegado al tope del mes que ellos consideran, o de dinero que debes gastar... un día en que haya un apagón y no podamos hacer nada, o lo peor, que no sepamos... que no podamos comprar una barra de pan porque ya no se paga con monedas... que vayamos conduciendo y el coche haga lo que quiera porque no controlamos nada ya, es automático y se puede chocar de pronto si les interesa... puede que me pasé con estos pensamientos pero la mayoría de las veces, la realidad supera la ficción, y vamos encaminados hacia un matrix.

Muchos piensan que exagero en el tema tecnológico, que no puedo ser tan analógica, me dicen la palabra mágica: chica si es muy CÓMODO... tienes que modernizarte, pero es mi pequeña libertad, formar parte de la resistencia, la que aun no tiene bizum, ni agendas digitales, la que no sube su información en la nube, la que no tiene espacio en el móvil para tanta app controladora... para mi la libertad es incómoda, requiere esfuerzo y responsabilidad y prefiero mil veces la incomodidad de ser libre, que la comodidad de una jaula automatizada. 

A veces elegir el camino difícil, es el único acto de rebeldía que me queda para seguir siendo libre.

Y es que el control me gusta bien poco o mejor dicho: NADA. Eso si, cada vez está siendo más interesante salirse del camino que nos establecen... 

Y a tí, ¿ya te han conquistado con la comodidad o eres de la resistencia?

Un besito

Hasta mañana.

B.